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PORTADA DEL LIBRO OBRA ORIGINAL DE JOSE LUIS PERNIL |
Mi Amigo y Compadre, Carmelo Rufo, vuelve a sorprendernos con un nuevo libro.
Sé muy bien que él soñaba con este libro desde hace tiempo y por fin pudo presentarlo en Riotinto el pasado día 21 de Abril (Jueves) a las 19:00Hrs.
Tiempo antes de esa fecha me llegaba un mensaje de Carmelo. "Compadre, se está organizando la presentación de mi último libro. Cuento contigo para presentarlo junto a Ito (Rosario Maestre) y a mi"... Y claro, obviamente le dije que sí.
Fue un "ratito" muy bueno, muy ameno. Me quedo con la emoción de Carmelo; esa que hace que su voz se entrecorte y sus ojos brillen.
Junto a Carmelo, como digo, estuvo también Rosario Maestre (ITO), Josan Carballo, que intrepretó dos temas musicales de su autoría, la Alcaldesa de Riotinto, Rocio Díaz junto a las concejalas Azahara González y Ana María Da Silva.
Este libro que hoy conoceremos, “es un regalo qué puedes abrir una y otra vez” para volver a encontrarte con los sueños que se cumplieron y los que aún se persiguen; con la inmensa riqueza de aquellos que, aun teniendo poco, lo tenían todo; con las ilusiones inocentes de un niño que quizás se rompieron justo al mismo nacer, con los miedos que se vencieron y los que siguen presentes... En definitiva, es una invitación de su autor para que conozcamos más su historia, que no deja de ser parte de la de cada uno de los aquí presentes y de los futuros lectores.
“Leemos
para saber que no estamos solos”, y en este caso, Carmelo, aquel niño que no
tenía calzones, va a ser la mejor compañía....
Existe un dicho que nos asegura que “una imagen vale más que mil palabras”; y como “el catálogo de mis palabras” tampoco es que sea muy extenso; les vamos a invitar a conocer un trabajo de Lorenzo Adame; que supo recoger la idea de Carmelo para ofrecernos esta maravilla.
Miren ustedes; cuando Carmelo me brindó la
oportunidad de leer el libro; me encontré con la sorpresa del prefacio de
Alfonso Pedro. Leer a Alfonso es emocionarse, sin duda; aunque sea en un
prefacio como este.... ¡¡¡Gracias Alfonso!!!
Y ya con el cuerpo preparado por las palabras
de Alfonso; me encontré con un maravilloso prologo que verdaderamente me abría
el camino a lo que iba a leer. Bajo mi punto de vista, Rosario Maestre (Ito),
autora del prólogo, ha sabido leer lo que yo considero el ama de este libro y
por eso es para mí una alegría el tenerla hoy aquí. Sin más, cedo la palabra a
Rosario Maestre.
Y nos dijo Ito:
"Amigas, amigos, vecinas y vecinos,
señora alcaldesa (Rocío), buenas tardes.
Recién publicado “Nunca faltaron
flores” nuestro amigo Carmelo y yo hablamos del libro, de anécdotas alrededor
de su publicación, de la reciente experiencia de escribir y, claro, de
proyectos futuros. Fue entonces cuando, por primera vez, oí hablar de esas
notas, esos recuerdos de infancia que terminarían siendo “El niño sin
calzones”. Entonces me pareció una idea maravillosa. Porque seguro que todas
las vidas, de cada uno de los que estamos aquí, dan para escribir un libro.
Pero la de Carmelo da para dos. Porque tiene mucho que contar y porque tiene
muy buena memoria. Y este libro que hoy nos ocupa es la prueba de ello.
Cuando leí por primera vez esta
novela pensé que ese niño sin calzones, Andrés, es el propio Carmelo, y es
Manuel, y es…., y todos los que tenemos ya cierta edad. Y es que ¿quién no ha
jugado a tirar piedras, se ha escapado a los riscos o ha añorado los juguetes
que no pudo tener, porque los tiempos no daban para más? Os aseguro que yo sí.
La niñez de Carmelo en Nerva es
casi calcada a la mía en El Alto: los vecinos como familia, los amigos
inseparables, la imaginación supliendo a las cosas materiales, ¡y la calle! La
vida se hacía en la calle, todos con todos.
Seguramente os veréis reflejados
en ese niño inquieto, inventando siempre travesuras, con su inseparable Inma de
la mano, con esa madre fuerte y ese padre cariñoso, con la sabia abuela Carmen
y el abuelo estricto, y con la omnipresente Julia.
Si bien “El niño sin calzones” es
la historia de Carmelo, también es la inintencionada segunda parte de la
historia de Julia, ya mayor pero siempre Ella: genio y figura…
Creo que Carmelo, como podréis
leer en el prólogo que le hice, no escribe. Él se limita a contarnos historias.
La suya, la de su gente, la que ha conocido de palabra y la que ha vivido en
primera persona. Y la cuenta por escrito porque así llega más lejos, pero lo
hace del mismo modo que me la contaría a mi, o a ti, frente a un café o una
cerveza; con sus palabras, con su modo de hablar, con su humor ácido, con su
sentido de la lealtad y con su verdad por delante, sin dejar en el tintero
detalles íntimos, personales, tiernos o dolorosos.
Y como esto no va de mí, sino de
él, no voy a daros más la turra. Así que, para terminar, sólo pediros que no
dejéis de leerlo y, sobre todo, saborearlo. Que lo haréis, seguro.
Gracias a todos por vuestra presencia, pero fundamentalmente a Carmelo por permitirme acompañarle esta tarde y por el honor que supone introduciros en su infancia."
Y llegó la hora de la intervención de Carmelo, al cual dí paso con estas palabras:
Bueno, pues ya va siendo hora de que sea el
artificie de todo este jaleo el que nos dirija unas palabras.
Yo de Carmelo podría decir mil cosas, estoy
seguro de que ustedes también; pero por temor a ser muy repetitivo, solo diré
que para mí es un honor el contar con su amistad. Una amistad forjada a lo
largo de los años, cuando aquel joven Carmelo me atendía en “el Canito” y que
años más tarde sería mi jefe, mi COMPAÑERO y mi COMPADRE.
Muchas Gracias Carmelo; gracias porque de
nuevo me has llevado a aquellos momentos en la cocina del Epoca donde me
contabas algunas partes de tu historia; o a la sobremesa con el café, tras dar
el servicio de comedor en el salón que hoy lleva el nombre de Julia Rufo, y
recordabas en voz alta aquello vivido por ti.
Pero déjame que te de las gracias, querido
amigo, por ser valiente, por vencer barreras, por hacer que, por un momento,
durante unas páginas, mi nombre fuese Andrés y que yo caminase descalzo por los
paisajes de tu infancia, gracias por dejarme sentir el miedo, la alegría, la
pena, los abrazos de tu Padre y los besos de tú Madre....Gracias Carmelo por
dejarme ser “EL NIÑO SIN CALZONES”.
Señoras y señores, tiene la palabra Carmelo
Rufo Fernandez.
Carmelo confesó no llevar nada escrito donde apoyarse a la hora de dirigirnos unas palabras y hablarnos de su libro....El porque es sencillo; porque Él es todo corazón, y no le da pudor alguno de mostrarse tal y como es, aunque es consciente de que al hacerlo las emociones puedan superarle.... Pero no es esto algún problema mayor, ya que sabe rehacerse de inmediato y continuar con el cometido qué se impuso.
Tras la intervención de Carmelo, pudimos disfrutar de una nueva interpretación de Josan Carballo, el cuál nos ofreció una canción nueva dedicada a ese "Niño sin Calzones" que fue del gusto de toda la sala. Finalmente, Rocio Diaz despidió el acto.
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