lunes, 10 de octubre de 2016

MI PRIMER AÑO ( por Laura Lopez Caballero )


Y llegó el año. El  más ansiado, el más esperado, con más ilusión que nunca iba tachando los días del calendario, contando cuanto quedaba para que llegaran esas 9 noches mágicas, esas 9 noches que para todo riotinteño son las más bonitas del año, y este sería para mí el más especial de todos. Esas 9 noches en las que miles de recuerdos se te amontonan en la mente, recordando a los que ya no están, a esos recuerdos de los primeros años en los que llegaba La Esquila a tu puerta, y tu madre te llamaba para que la escucharas, porque era demasiado pequeña para esperarla despierta. Y así, con ese bonito sonido velando tu sueño eras la más feliz del mundo.


Soñaba desde niña poder ponerme a las órdenes de  aquel hombre que, año tras año, veía afrontar estas fechas  con la misma ilusión del primer momento.  Noches de ensayo hasta las tantas, otros que no iban tan bien…por lo que llegaba enfadado a casa, nervios de última hora porque los cuadrantes estuvieran bien, esas mañanas del Rosario en las que se  levantaba el primero, y con su traje y su corbata puestos  y los nervios a flor de piel se iba a ver a su “charini”.Aún recuerdo ese año, que él era el único capataz…nunca lo he visto tan nervioso y tan emocionado como ese día…
Siempre me mostraba orgullosa cuando le contaba a mis amigos y a mi profe que mi padre era el “jefe” de los costaleros, el que mandaba (nunca me acordaba de la palabra “capataz”, decía que era muy difícil). Para mí era el más importante y el mejor de todos.

Recuerdo aquel día en que le dije que yo quería formar parte de ese grupo de costaleros a los que él les “daba órdenes”.  En su cara pude ver la ilusión y la felicidad porque ese día llegara, dispuesto a luchar contra todos los que se negaran a que una mujer portara en sus hombros a nuestra Señora del Rosario.
Y el año llegó. Y a la mente me vienen miles de anécdotas de mi padre de todos y cada uno de los años en que compartía conmigo sus vivencias y sus momentos con sus compañeros y amigos COSTALEROS.
Primer día de ensayos. Con nervios y una ilusión increíble. Y allí vi a todos los que serían mis compañeros en todos los años que me quedan por delante. La felicidad se veía en todos ellos. Había llegado de nuevo la fecha más esperada por todos, en unos días volverían  a ser los PIES de ELLA, para pasearla por el pueblo una vez más. Pero, por desgracia, ese día las ilusiones se vinieron abajo, ya que el problema del que mi padre me aviso apareció: “una mujer no puede coger el paso”.
Pero ella quiso que fuera posible y al día siguiente ensayé, mi primera “levantá”. No hay palabras para describirlas.
Los días pasaban y cada día los nervios aumentaban, ya quedaba muy poquito para poder llevarla en mi hombro, acompañados por La Esquila…
Pero de nuevo el destino quiso que ese mismo día volvieran a negarme llevar el paso.

No pude contener las lágrimas y la impotencia que sentí al verla salir. No recuerdo un Rosario más extraño que el de este año. Qué raro se me hacía ver a mi padre a mi lado, y no al lado de sus compañeros. Las lágrimas recorrían mi cara a cada momento  y la tristeza nos quemaba por dentro.  Recuerdo que al salir del Parque, mi padre me dijo: “mira qué bonita esta cuando le da la luz”. Y si, estaba tan bonita como siempre,  y salió todo como solo ELLA se merece.

Poco a poco el Rosario acababa, y yo solo deseaba tenerla en mi hombro. Sólo me quedaba consolar al que, además de padre, era mi maestro y sobre todo MI CAPATAZ. Era un consuelo mutuo, y miles de miradas cómplices, pues sin hablar sabíamos que el día 7 lucharíamos por estar con ELLA, y yo a sus órdenes.

Y llego. Me costó convencerlo, pero el día 7 llego y ahí estábamos los dos.
Camino de la Iglesia, con más nervios que nunca.
“Laura, vas a hacer historia, de ti depende que esto salga bien o que salga mal. Todos van a estar pendientes de ti”. Esas palabras, camino de la sacristía, me hicieron sentir que mi sueño de hacía realidad.

Llego la hora. Y ahí estaba ELLA, esperándonos, por fin iba a tenerla en mi hombro y mis Pies ya serían los suyos, para hacerla caminar en su pueblo. Recuerdo la cantidad de gente que me dio ánimos antes de empezar, y los “Laura, vas a hacer historia”. Un GRACIAS se les queda corto. Al igual que recuerdo ese “Padre Nuestro” y ese “Ave María” que rezamos antes de empezar. Muchos ni podíamos hablar, al menos yo, tenía la boca tan seca y tantos nervios porque sabía que en escasos minutos cumpliría mi sueño…que me era imposible decir nada.

Y ahí estaba mi padre, con el llamador, y con miradas cómplices hacia mí preguntándome si estaba bien.  Primera “levantá”, miles de sensaciones recorren mi cuerpo. Va por él, por Rafa, el que ha demostrado ser más que un amigo, y que deseaba verle feliz este día, ya que se perfectamente que le hubiera encantado vernos a todos juntos, pero por desgracia, el destino quiso que pasara la tarde en el hospital, rezando y preocupado porque todo saliera bien.

Pasito a paso, salimos a la calle. Sentí que muchas miradas se dirigían a mi, y pensé que debía ser a ella a quien debían mirar, a la que llevábamos encima de nuestros corazones. 


Aunque entiendo que sería por la novedad, ya que por fin una mujer llevaba a nuestra Señora en sus hombros. Y la marcha del Costalero soñando detrás, no hay otra más bonita. Los pelos de punta. Ahí tienes a tu pueblo esperandote Señora. Vamos a llevarte como mereces.


Poco a poco vamos la vamos paseando por las calles de nuestro pueblo. Y llegamos a la más especial para mí, San Roque. Y me acorde de ella, mi abuela, y montones de recuerdos vinieron a mi mente…que le gustaba nuestra “charini” y que me hubiera gustado verla allí conmigo. Un beso al cielo va por ti.

En la calle de nuestro mayordomo Julián, tuvimos que meternos por dentro de su manto. Fue difícil, pero se logró. Los gritos de ánimo de todos los que estábamos abajo y el aplauso del pueblo cuando la pusimos frente a casa de Julián, fueron la mejor recompensa a todo el esfuerzo.


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No quería que esta tarde acabara. En la avenida, llegando a su casa, las lágrimas recorrían mi cara.
Y llegamos, y el último toque del llamador sonó, y nos fundimos en un abrazo con todos los que han sido y seguirán siendo mis compañeros y amigos que tan bien me han recibido, las lágrimas brotaban y la felicidad se iluminaba en nuestro rostro, a la misma vez que tristeza porque todo acaba. No quería soltarla, pero todo tiene su final…y toca esperar un año más, para repetir esta experiencia, y sobre todo para poder disfrutarla junto a la esquila en el Rosario.



Podría contar miles de anécdotas. No hay experiencia más bonita que llevarla en los hombros y ser sus PIES. Me gustaría agradecer todo el apoyo recibido, y a mi padre y maestro, por enseñarme tanto y por regalarme esta experiencia. Y, por supuesto a NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO por querer y permitirme que le rezara caminando bajo sus plantas.




TEXTO: Laura Lopez.
IMAGENES: Emy Oliva; Jose Mari Rodriguez; Pipo; Carlos Rojas.

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