martes, 10 de julio de 2012

CORRIENDO MUCHO O VOLANDO BAJO. (Un recuerdo, en definitiva...)

Estaba decidido a romper un record; es más, sabía que lo lograría. Sentía como mi corazón latía en mis sienes, como mis manos se humedecían al poco de secármelas en el pantalón; me esforzaba por llevar un ritmo de respiración que me permitiera lograr mi objetivo…
Miré al horizonte y entorné mis ojos para fijar mi objetivo. Sí, allí estaba el final, la meta al fondo, esperándome para cubrirme de gloria.
Mis músculos estaban en tensión, esperando descargar toda su fuerza de un modo violento y explosivo.
Fue mi subconsciente el que me dio la salida y… mi hermoso triciclo rojo y blanco salió disparado…

Estaba alcanzando la máxima velocidad, a pesar de que las rodillas ya me daban en el manillar, lo cual me indicaba que yo estaba creciendo o mi triciclo menguando; pero lo importante es que en esta ocasión lo iba a lograr…
Sin darme cuenta, y debido a la fuerza que ejercía con mis brazos, el blanco puño derecho de mi triciclo se estaba saliendo del propio manillar. Hacía tiempo que mi padre quiso ponerle al tubo un poco de cinta, para fijarlo, pero a mí me gustaba así, porque simulaba que aceleraba mi gran máquina.
Mis reflejos quisieron esquivar una pequeña piedra que había en el camino y al girar el puño se salió del manillar, y por consiguiente la inercia me hizo girar bruscamente hacia el lado contrario. Uno de mis pies se me resbalo del pedal y el cuerpo se me fue para el lado contrario de mi giro inesperado…
Fue un “trancazo” de los que dolían, pero yo no le echaba cuenta al raspón de la pierna, ni al golpe que me di en el costado; no, lo único que me importaba era el que a mi hermoso triciclo no le hubiese pasado nada.
Era mi moto, mi avión, mi barco, mi nave espacial, mi robot, mi… en fin, todo aquello que yo quería, eso era mi triciclo rojo y blanco.


(Sí, yo soy el de la foto)

Con el paso del tiempo, los viejos recuerdos se acentúan; y aquellos juguetes que tuvimos y deseamos se van transformando en un “algo” impalpable, etéreo e intangible como aquel recuerdo que guardas de una tarde gris, de una tormenta triste, o, porque no; de un leve pero intenso momento de felicidad.
Quizás no nos demos cuenta, pero los recuerdos que guardamos de aquellos juguetes y objetos que nos acompañaron en algún tramo de nuestra infancia se han hecho fuertes en nuestro interior, dejando de ser una ausencia presente para transformarse, sin darnos ni cuenta, en presencia de una ausencia, de algo que fue y ocurrió, de algo que pasó y que ya nunca volverá, de lo que una vez fue, de lo que consigue sacarnos un suspiro al recordar, de un camino de retorno que disfrutamos al recorrerlo…

2 comentarios:

  1. Precioso por su sencillez, dejando inevitable sensación de compartida realidad.

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