domingo, 6 de julio de 2008

LAS HISTORIAS DEL TIO POTAJE


Añoro las historias del tio Potaje en nuestro foro......... Además de entretener, eran una pequeña enciclopedia por fásciculos sobre Riotinto, sus gentes y su forma de vida antigua.
Nadie supo quien es aquel que escribe con el nombre de Tio Potaje.... y si alguie lo sabe, permanecio callado. Y creo que es lo correcto, pues no importa quien, si no lo que nos contaba, lo que nos recordaba, lo que nos enseñaba........
Ire colgando algunas de sus intervenciones; y ojalá se anime a volver a escribir pronto...........se hecha en falta.

LUGARES Y HECHOS DE RIOTINTO EN TIEMPO PASADO

Mi Cueva.

Está situada mediando entre dos civilizaciones, sentado al sol en la puerta de mi cueva, a la derecha, tras el muro que separa la colonia veo jugando a niños rubicundos con ropa impecables, unos con pelotas y raquetas de tenis, otros con bicicletas, traspasando el limite del muro, desoyendo los consejos de sus padres, pasean a su bebé en coche señoras elegantes rubias y pecosas, otras llevaban ramos de flores para adornar las tumbas de sus familiares en el cementerio.

A mi izquierda la civilización autóctona, niños que corrían por el cerro del Alto de la Mesa con ropa limpia pero llenas de remiendos, algunos de distinto color, jugaban a la “fuchinela” clavando un hierro en un hoyo con barro “pipote”, en el llano del cuartel otros niños jugaban con una pelota de trapo, las mujeres vestían ropa obscura, cuando no era de luto negra y con velo por la cabeza, llevando su bebé en brazo o al cuadril, trabajando en la limpieza de la casa o acarreando agua desde la fuente en cántaros llevado sobre la cabeza con una almohadilla de protección.

Entremedio se encuentra el destino final, donde todos somos iguales, el cementerio Ingles a la derecha y frente a mí, la cochera del coche fúnebre esperando la llegada de los seguros clientes para el traslado al campo santo.

Han pasado los años y todo sigue como predestinado, la colonia sigue separada por el muro, sus habitantes ya no son extranjeros, pero notándose la diferencia social con los residentes en Alto de la Mesa, el cementerio ingles y la cochera abandonada, pero circunstancias del destino sigue intermediando un tanatorio donde todos nos encontraremos sin escasez ni privilegios.

Los entierros

Estaba limpiando mi lata de la comida en el pilón donde beben los caballos del coche fúnebre, cuando vi llegar por la carretera al cochero para limpiar el coche, me retiré a mi cueva, y estuve observando, había fallecido un hombre que vivía en la barriada de La Mina, era músico de la Banda Municipal, el entierro iba a ser de primera. En los años cuarenta existían entierros de primera, de segunda y de tercera, el cura vestido con el atuendo que usaban antiguamente para este acto, iba a la ermita de San Roque situada en el Parador, acompañado de dos monaguillos que llevaba en sus manos los faroles.

Los acompañantes llevaban a hombro el féretro hasta la ermita y el cura decía el responso y echaba el agua bendita, luego cuando el entierro era de primera el cura iba rezando delante del cortejo, haciendo varias paradas con bendiciones y lo despedía en el cruce de carretera de Vista Alegre, al terminar, el cura se iba con los monaguillos para la iglesia y el entierro seguía su camino hacia la cochera del coche fúnebre.

Cuando el entierro era de segunda, todo era igual, pero el cura lo despedía en el Alto de la Mesa y cuando era de tercera lo despedía en la mitad de la subida de la carretera de la Mina al Alto de La Mesa, luego el cura se echaba a un lado dejaba pasar el cortejo fúnebre y él con los monaguillos iban tranquilamente detrás hacia la iglesia, teniendo los dos el mismo camino.

En el entierro que nos atañe, además venía acompañado por la Banda de Música interpretando marchas fúnebres, desde mi cueva estuve observando como se acercaba por la carretera, el ataúd era transportado a hombro por amigos del fallecido y lo subieron al coche fúnebre, era un carruaje negro tirado por dos caballos, que el Ayuntamiento tenía destinado para los entierros, después de recibir el pésame, los familiares siguieron andando hasta el cementerio tras el coche fúnebre.

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